En el mes de mayo, el Comité de Sostenibilidad de la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios de República Dominicana (ANJE), nos recibió en sus instalaciones para hablar del sistema.
La presentación “Fortaleciendo el Triple Impacto Empresarial” planteó que la sostenibilidad dejó de ser un elemento voluntario o reputacional para convertirse en una condición estratégica para competir, generar confianza y asegurar la resiliencia empresarial en un entorno cada vez más complejo.
En la presentación pude comentarles que las expectativas de los consumidores, reguladores y mercados están evolucionando aceleradamente. Según datos de Nielsen el 95% de los consumidores considera importante confiar en las marcas que consume, mientras que las nuevas regulaciones internacionales —especialmente en Europa— están llevando a las empresas desde un modelo basado en declaraciones voluntarias hacia sistemas obligatorios de verificación y transparencia.
En este contexto, el movimiento global de Empresas B aparece como una respuesta concreta a la necesidad de construir modelos empresariales capaces de equilibrar rentabilidad con propósito. Desde su creación en 2006, B Lab ha impulsado estándares, herramientas y mecanismos de certificación que permiten validar el desempeño social, ambiental y de gobernanza de las empresas, promoviendo un modelo económico más inclusivo, equitativo y regenerativo. Actualmente existen más de 10.600 Empresas B en 102 países y 162 industrias, consolidando una de las comunidades empresariales de impacto más relevantes del mundo.
Las Empresas B no solo obtienen una certificación, sino que ingresan a una comunidad global que impulsa colaboración, aprendizaje colectivo y construcción de confianza. De hecho, el 70% de las Empresas B en Latinoamérica afirma haber generado alianzas comerciales o estratégicas gracias a pertenecer a esta red.
En la sesión me referí también a la evolución de los estándares de la certificación B. El nuevo modelo de certificación incorpora requisitos obligatorios en áreas como trabajo justo, derechos humanos, diversidad e inclusión, acción climática, gobernanza, circularidad y acción colectiva, reforzando la idea de que la sostenibilidad debe abordarse de manera integral y transversal. La certificación ya no se limita a medir buenas prácticas aisladas, sino que busca verificar sistemas completos de gestión de impacto empresarial.
Finalmente, hablamos del futuro de los negocios en América Central y el Caribe: las empresas ya no serán evaluadas únicamente por sus resultados financieros, sino también por su capacidad de generar valor para las personas, las comunidades y el planeta. En un entorno donde la confianza se ha convertido en uno de los activos más valiosos, fortalecer el triple impacto empresarial representa no solo una responsabilidad ética, sino también una ventaja competitiva y una oportunidad de liderazgo para las organizaciones de la región.